La Iglesia Católica como institución goza de mi mas profundo rechazo, y claro alguno de sus miembros también, pero en esta ocasión y en realidad hace un buen tiempo que he pensado en la cantidad de curas buena gente y profetas de una forma de vida consecuente con los principios humanistas que rodean a tan extraña y doble estándar institución. No todos los curas son pedófilos, fascistas y amantes de los placeres que ellos mismos denominan "oscuros" -aunque hay muchos- también existen aquellos a los cuales la institución dio su espalda o simplemente olvido por no compartir sus ideas políticas, diría yo los imprescindibles. Acá un par de hombres de fe que efectivamente desaparecieron en plena dictadura con las botas puestas en pleno ejercicio de sus funciones religiosas.
Joan Alsina se encontraba en servicio en el hospital San Juan de Dios, cuando es detenido en el mismo hospital siendo golpeado y trasladado al Internado Nacional Barros Arana que era ocupado por el Ejercito Chileno. Al día siguiente su cadáver aparece en la ribera del Mapocho con diez balazos en la espalda. Con éste sumarán tres los casos de sacerdotes asesinados en los primeros meses del golpe junto a los sacerdotes chilenos Miguel Woodward que fue torturado en la Esmeralda y muerto en el hospital Naval y Gerardo Poblete.

Imagino que no son los únicos, imagino que dentro de tan detestable institución deben existir mujeres y hombres consecuentes, tolerantes, cercanos al prójimo, fraternales y limpios de alma. Como imagino también que en plena dictadura muchos sacerdotes realizaron un trabajo social de gran valor para salvar a miles de chilenos buscados por el verdugo. Pero en este mismo blog hay una imagen que no hace mas que recordarme que solo son unos pocos hombres y mujeres los que gozan de tan buenas virtudes.